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Opinión: ´La necesidad tiene cara de hereje y los políticos no le temen a las brujas´ - Por Andrés Vavrik

Sociedad

Opinión: ´La necesidad tiene cara de hereje y los políticos no le temen a las brujas´ - Por Andrés Vavrik

A esta crisis actual, si hubiera que titularla, le llamaríamos "el fracaso de los testaferros electorales".

Por Ojos De Café

26/05/2021


Mucho se habla en la actualidad de la situación inevitable, ese fenómeno cíclico que le ocurre a la Argentina cada tanto, que a veces termina mal y a veces peor: "La crisis de representatividad".

Ya tenemos los números a mano, la gente no confía más en la clase política, como ya pasó tantas veces. Solo resta saber si será como en el 2001 donde el "que se vayan todos" copó la parada, o más bien se reflejará en las urnashambrientas de votos para nuevos actores que vengan contener a una sociedad abandonada y descreída, que educa a sus hijos, dependiendo del barrio donde vivan, para partir al extranjero o para sobrevivir con dádivas estatales.

A esta crisis actual, si hubiera que titularla, le llamaríamos "el fracaso de los testaferros electorales". 

Las últimas décadas se han caracterizado por el deterioro de las instituciones en general, los partidos políticos no quedaron ajenos a esto, y a medida que fueron transcurriendo las sucesivas elecciones, vimos cómo los caudillos fueron renovando sus nóminas para armar listas, pero estos nombres no llegaron en primera persona desplegando poder propio y legítimo sino que llegaron testaferros, estos "presta nombre" que avalados por su buena imagen y potencial de crecimiento en la opinión pública, hacen las veces de "apoderados" de un líder que queda en la sombras, ya sea condicionado por su imagen desgastada o atrapado por los tentáculos de la corporación política, que no deja volver al llano a sus guerreros sin dejarle una quemadura en la frente.

Cuando hablamos de caudillos se entiende que desde 1983 a la fecha, gravitan los mismos líderes detentando plataformas que sabemos obsoletas, pero por ese romanticismo que nos caracteriza siempre vuelven aggiornadas y compramos el relato.

Las instituciones con representatividad entre los sectores de la vida social y económica ya sea por intentos fallidos o por cuestiones relacionadas con la pérdida del interés cívico-político dejaron de proveer representantes legítimos, y optaron por bendecir candidatos entre las líneas que la política partidaria les mostraba como amigables a sus fines.

Votando con el bolsillo, con una amnesia mezquina que nos ha dejado en el decadente estado actual, se fueron superpoblando los edificios gubernamentales. Basta mirar a quienes se sientan en las bancas legislativas o los nombres de los gabinetes para encontrar:

Sectores industriales representados por personas que nunca pagaron un 931., Sectores productivos representados por burócratas que no pisaron nunca la tierra arada, proyectan sobre emprendedurismo individuos que siempre vivieron de un sueldo estatal, nos hablan de innovación y desarrollo sesentones que se eternizaron en cargos públicos porque jamás se animaron a salir de su zona de confort y explorar la actividad privada.

Obviamente existen las excepciones, hay mucha gente con vocación y muy preparada, se nota que nacieron para eso y lo hacen con pasión, pero lamentablemente son una minoría.

Cometimos el error de no involucrarnos, y de mandar a otros a hacerlo por nosotros, pero fuimos tan ingenuos para no percibir como poco a poco la política se convirtió en una salida laboral, se llenaron los gobiernos de personas que no pretendían transformar la realidad desde su lugar, simplemente se dedicaron a permanecer y a ganar bien.

Lentamente las líneas que unían a estos actores con los bases que le encomendaron la tarea de representarlos se cortaron. Las dulces mieles de la vida del político los hizo sentir autosuficientes, y así la corporación los absorbió. Hoy esas masas de ex testaferros electorales pululan por todos los estamentos del estado, no tienen más aspiraciones que mantener el status quo y estar atentos a los temas rimbombantes, que los pondrá de un lado o del otro de la soga, pero que nada tienen que ver con los destinos de nuestro país, eso ya poco importa.

La corporación política argentina creció tanto, que en muchos puntos se hizo transversal a los diferentes partidos políticos, hasta llegar al punto de confundir doctrinas o pisar banderas históricas cuando llega el momento de defender el aparato. Pero cometió el peor de los errores, que fue entrar en el vicio de exigir eficiencia, transparencia, solidaridad y hasta austeridad, cuando ella misma es el más claro ejemplo de todo lo contrario.

En la medida en que las verdaderas fuerzas que mantienen funcionando la Argentina no dejen la comodidad y entiendan que hay que sanear la representatividad de manera urgente y que los destinos de la Patria no pueden estar en manos de una mayoría política que no espera el bronce sino el sueldo, seguiremos en caída libre.

Este país nació de la sangre de los revolucionarios. Se hizo grande con patriotas que llegaron a batirse a duelo por sus ideales, y líderes que prefirieron el exilio antes que entregar su dignidad.

¿Nosotros que vamos a hacer?

Estamos en momentos delicados, donde lo simbólico cobra relevancia, y esta sociedad desprotegida espera actos heroicos, pero no los espera de la clase política sino que aguarda ese gesto de sectores que supieron sobreponerse a las adversidades, a los que el riesgo y la incertidumbre no le pesan, para marcar un rumbo seguro. Toda persona capaz de interpretar un texto y analizar variables sabe que lo que viene tal vez sea doloroso como las historias de nuestros abuelos inmigrantes, y que el camino sea largo y complicado.

Argentina ya tiene demasiada gente que no entiende nada, no porque no quieran, sino porque no pueden. La ignorancia y la pobreza han abrazado a muchos, los demás no podemos pecar de sordos ni hacernos los distraídos.

Los políticos serios, con sentido común y que están preparados que nos quedan, tendrán una prueba fundamental, demostrar que son capaces de dejar el orgullo y las discusiones chiquitas de lado, para ponerse espalda con espalda con algún adversario que también asumió que hay un mal superior para vencer.

Se buscan líderes, patriotas honestos y valientes. Ojalá aparezcan pronto.

 

 

Por Andrés Vavrik*

* Presidente de la Cámara de Comercio de General Alvear

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