Los juicios de lesa humanidad, sin punto final

 

Los juicios por delitos de lesa humanidad no tienen punto final. El fiscal general ante la Cámara Federal de Mendoza, Dante Vega, aseguró que no existe ningún factor político ni jurídico que pueda detener los procesos y que no están cerrados los números de víctimas, ni de centros clandestinos ni de modalidades de tortura, simplemente porque en cada audiencia se develan datos que son una nueva pista y que ayudan en la reconstrucción del pasado dictatorial.

Vega, titular de la Oficina de Persecución de Delitos de Lesa Humanidad de la Justicia Federal para Cuyo, fue y es –junto a su equipo de colaboradores– parte central en los procesos que se realizan en Mendoza desde 2010, ya que actúa tanto en la etapa de la investigación como en las audiencias orales de los juicios.

El profesor de la UNCuyo recibió a Unidiversidad en su despacho del cuarto piso de Tribunales Federales, un edificio emblemático porque en sus salas de audiencia se juzgó y condenó a represores, a quienes omitieron investigar los delitos, como los cuatro exjueces que fueron condenados a prisión perpetua, y se escucharon los relatos de cientos de víctimas. Ellas son, para el profesional, las protagonistas esenciales, no solo porque sus testimonios son una prueba central, sino porque nunca eligieron el camino de la venganza, sino el de procesos justos dentro de un Estado de derecho.

Vega hizo un repaso de los juicios que se realizaron y de los que están por venir. También habló del crecimiento personal y profesional que conlleva su cargo. Aseguró que es una enorme responsabilidad estar tan cerca del dolor y no perder la objetividad que debe tener como fiscal, para que ese sufrimiento tenga un correlato jurídico.


 

Al banquillo

¿Cuál es su evaluación de los procesos que se realizaron en Mendoza?

La evaluación es positiva porque demuestra la voluntad del Estado argentino de hacer justicia. Una parte importante de este proceso de revisión del pasado dictatorial es la parte judicial y, en ese sentido, el Poder Judicial respondió al reclamo que venían sosteniendo los organismos de derechos humanos desde 1983, que siempre fue llevar a la Justicia a los acusados por estos graves delitos. El transcurso de los juicios nos va enriqueciendo como juristas y como personas, porque nos permite conocer el aparato terrorista, conocer a los imputados y compenetrarnos cada vez más con las víctimas.

Los juicios permiten reconstruir esa historia.

Toda sentencia de los tribunales orales va a ser un documento fundamental para reconstruir históricamente el terrorismo de Estado en Mendoza. Creo que se hace historia también en estos juicios porque no solamente se definen responsabilidades penales, sino que se revisa todo el pasado dictatorial en Mendoza, con las similitudes y diferencias que se presentan con el resto del terrorismo de Estado en el país.

¿Cuál fue la importancia del juicio a los exjueces federales?

Fue muy importante porque por primera vez en el país se juzgó al aparato judicial que garantizó la impunidad mediante la omisión de investigar los delitos cometidos por la fuerzas de seguridad y por el aparato militar. En ese juicio se demostró que su aporte fue esencial para el terrorismo de Estado porque se transformó en una práctica sistemática, gracias a la cual los autores materiales actuaban con total tranquilidad.


 

¿Cómo continúan los procesos?

La labor que hemos hecho es importante, pero estamos preparados para seguir los juicios; la persecución no va a terminar mientras quede un miembro del aparato terrorista suelto. Los juicios no tienen un punto final; en todo caso, ese punto final puede venir desde el aspecto biológico, por la edad de los acusados, pero no va a haber ningún factor político ni jurídico que evite los juicios. Esto es más que una política de Estado, es una obligación del Estado argentino y son delitos que no prescriben, por lo tanto no hay ningún límite. Esta es una labor que ni yo ni mi equipo damos por terminada, la tomamos como un compromiso al que no vamos a renunciar mientras estemos prestando servicios en el Poder Judicial. Cada causa aporta un rayo de luz al descubrimiento de la verdad histórica. Quedan todavía parcelas enormes bajo la oscuridad, pero mientras exista un juicio, habrá una posibilidad de descubrir algo nuevo. El número de centros clandestinos no está cerrado, el número de víctimas no está cerrado. Hasta podemos descubrir nuevas modalidades del terror y, por qué no, lugares donde encontremos los restos de las personas desaparecidas.

¿Hubo cambios en las políticas públicas que afectaron su labor?

No,  ha habido algunas modificaciones en dependencias del Ejecutivo vinculadas con la revisión del terrorismo de Estado, pero no notamos ningún cambio sustancial en la realización de los juicios. Creo que en las elecciones de este año puede ganar el partido político que sea y los juicios por delitos de lesa humanidad se van a seguir llevando a cabo como hasta el momento.

¿Cuál es su evaluación sobre esta decisión que tomó Argentina?

Lo veo como un ejemplo. Hay países que han preferido mirar para otro lado, hay países que han encarado políticas de reconciliación y de perdón, hay países que decidieron juzgar parcialmente y hay un país, que es Argentina, que ha decidido la revisión total del terrorismo de Estado por parte de sus tribunales, que se diferencia de todos los países de la región y del mundo en cuanto a este fenómeno, porque el juzgamiento como se ha hecho acá a partir de 2005 no se hizo en ningún lugar.


Algunos ciudadanos piden dar vuelta la página. ¿Cuál es su opinión?

Me parece que gran parte de la sociedad está de acuerdo con el juzgamiento y que una parte minoritaria dirá: "Ya está, se ha llegado a un punto en el que corresponde dar vuelta la página y mirar hacia el futuro". Sin embargo, creo que la mejor forma de mirar al futuro es juzgando la parte del pasado que comprometió ese futuro, que la mejor forma de mirar hacia el futuro es con estos juicios en la mano, de manera tal que Argentina mire al futuro de forma limpia, honesta, juzgando como corresponde en un Estado de derecho la parte más negra de su pasado. Un pasado que no ocurrió hace decenas de años, sino hace muy poco, y cuyas consecuencias están a la vista. Las heridas todavía están abiertas, entonces la mejor forma de cerrarlas –si es que se puede, y esto lo digo con suma prudencia– es contribuir a través de los juicios.

 

El testimonio como prueba

¿Cuál es la importancia que tienen en estos procesos las víctimas?

Son las protagonistas de los juicios. Toda la construcción jurídica y discursiva se hace a partir del relato de las víctimas, es la prueba fundamental que, además de ser histórica, es sumamente confiable. Los tribunales han apoyado sus sentencias en la prueba testimonial de las víctimas, de sus familiares, de su círculo. Esto es muy elocuente en cuanto a la honestidad de las víctimas, que no solo no eligieron el camino de la venganza privada, sino que siempre eligieron el camino de la Justicia. Aun en los momentos más negros, cuando estaba impedida de actuar por las leyes de impunidad, nunca bajaron esa bandera.


Los testimonios son centrales para su labor...

Sí, porque el relato no solo es coherente sino honesto, porque cuando uno testimonia sobre hechos ocurridos hace 35 años, sería más fácil distorsionar, y sin embargo no tenemos un solo caso de distorsión. Es un universo de cientos de testigos que no presentan fisuras en su relato: cuando vieron, dicen que vieron, y cuando no vieron, dicen "No vimos", no inventan nada. Los protagonistas de estos procesos son ellos desde el punto de vista humano, político y jurídico, es la principal prueba en la que nos apoyamos. Después tenemos los documentos.

¿En estos juicios hay más de una víctima?

Todos los juicios de lesa humanidad implican un número mayor de víctimas que las del caso particular porque está su círculo familiar. Especialmente, el juicio de apropiación es muy delicado porque ingresa en uno de los núcleos más oscuros de la antijuridicidad terrorista estatal, que es la apropiación de menores, que nos ha hecho mundialmente célebres. No hay antecedentes en el mundo de una práctica sistemática como la que se realizó en Argentina. Cuando uno enfrenta un juicio como esos, hay que ir investido de una coraza especial porque se va a encontrar con el terror en estado puro, porque que a una madre que está desaparecida le arranquen a su bebé, lo lleven a una familia y que lo mantengan en el engaño durante años es de una crueldad indecible. Entonces hay que mantener, sobre todo en un cargo como el mío, la calma, la objetividad, y analizar las cosas bajo el prisma jurídico. Esto no es fácil, pero es nuestra obligación.


Usted destacó la importancia de las víctimas. ¿Cuál es la de los organismos de derechos humanos?

Esencial. Cualquier Poder Judicial que no entienda que el motor de los juicios fueron los organismos no ha leído la historia argentina. Incluso desde antes de que terminara la dictadura está la actuación valiente no solo de Madres, sino de otros, como la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, que arriesgaron sus vidas interponiendo Habeas corpus. La historia del autoritarismo argentino y el terrorismo está indisolublemente vinculada con la historia de los organismos. El ejemplo de muchas personas es conmovedor, es de una valentía asombrosa, porque había que tener muchas agallas para enfrentar a un poder omnímodo como el militar.

¿Cuál es la mayor satisfacción que sintió como fiscal en estos procesos?

El intervenir, el ser parte de esto es la mayor satisfacción que he tenido en mi vida profesional. Nunca imaginé estar ocupando este lugar en este proceso tan trascendente. Me ha ayudado a crecer como persona. Siempre el contacto con el dolor ayuda a crecer, pese a que aún me cuesta dimensionar, porque cuesta entender qué puede sentir un familiar de un desaparecido, y todo esto sin perder la objetividad que tengo que tener como fiscal. Es un ejercicio de conciencia y a la vez un ejercicio de humanidad y responsabilidad, porque a cada audiencia vamos convencidos de que algo nuevo y conmovedor vamos a escuchar, y no nos equivocamos, en todos los casos es así. Uno se siente parte de algo colectivo que supera ampliamente el rol que uno pueda ejercer, y a la vez siente que está contribuyendo a esclarecer la historia de la Argentina, y eso no es poco.

 

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