¿Qué es la ESI? La Educación Sexual Integral en las escuelas

 

Actualmente, la ESI es obligatoria para todos los establecimientos educativos (incluso los de gestión privada), pero existe la posibilidad de aplicarla de manera discrecional ya que hay un artículo en la ley (el 5°) que permite a cada institución educativa adaptar los contenidos de la ESI a su “ideario institucional” y a “las convicciones de sus miembros”. El proyecto de reforma busca, entre otras cosas, cerrar esa posibilidad para que la ESI y sus contenidos sean genuinamente accesibles, de modo que nadie sea privado de aprenderlos, vaya a la escuela que vaya.

 

ESI en los diferentes niveles educativos:

Para el nivel inicial: se promueven hábitos de cuidado del cuerpo, se enseña a reconocer la intimidad propia y ajena, a desarrollar comportamientos de autoprotección y tanto a expresar el afecto como a respetar los sentimientos y necesidades de los demás. También se incluyen ‘nuevas’ formas de pensar los vínculos entre niñas y niños. No, no les piden que se besen, sino que “propicia un uso igualitario del aula y del patio entre varones y mujeres, como así también de los juegos y juguetes en la medida en que considera que éstos no son ‘exclusivamente de varones’ o ‘exclusivamente de mujeres’”.

Para el nivel primario: además de continuar trabajando con los ejes del nivel inicial, se introduce el conocimiento de diferentes modos de organizar la vida social en distintos contextos y tiempos, problematizando los roles de género y las relaciones entre mujeres y varones en la organización familiar. O sea, se enseña que existe diversidad de realidades.

Para el nivel secundario: Se busca garantizar a los adolescentes acceso a información sobre los marcos normativo y jurídico que garantizan sus derechos en general y sus derechos sexuales y reproductivos en particular. También se les proporciona conocimiento de cómo obtener los recursos necesarios para ejercer su sexualidad con responsabilidad, para prevenir infecciones de transmisión sexual y decidir cuál es el mejor método anticonceptivo, algo no menor si se lo piensa además en términos de salud pública. Además, en esta instancia se busca fortalecer los procesos de construcción de autonomía, que posibilitan el respeto por la diversidad de identidades sin prejuicios derivados de la orientación sexual, la identidad de género, la apariencia física, las diferencias étnicas, culturales, etcétera. Respeto que, vale aclarar, es reconocido por nuestras leyes. 

 

Más allá de la postura de cada quien, llegados a este punto deberíamos poder estar de acuerdo en algunas cosas importantes: que el Estado no se arroga el derecho de brindar educación sexual sino que tiene la obligación de hacerlo; que esto no entra en conflicto con el derecho de los padres a enseñar en sus casas lo que les parezca más adecuado; que la campaña anti-ESI refiere continuamente a la ciencia pero que la ciencia está lejos de afirmar lo que esa campaña afirma; y, como si esto fuera poco, que la ley actual de educación sexual no sólo resulta insuficiente sino que su implementación deja mucho que desear.

Es urgente tener esta conversación de forma informada y colectiva. La ESI carga en sus espaldas la responsabilidad de instrumentar una enorme cantidad de derechos; por un lado, formando generaciones que los conozcan, tanto para defender los suyos, como respetar los ajenos; por otro, poniendo al alcance de todas y todos los jóvenes, y a tiempo, la información necesaria para alentar conductas de autocuidado y prevención, como parte de políticas fundamentales de salud pública. Por todo eso, el alcance y los contenidos de la ESI constituyen una de las claves para dar el salto de derechos reconocidos en la letra de la ley, a derechos genuinamente garantizados. Esto se logra con una ESI actualizada a los nuevos derechos y responsabilidades estatales que se vayan incorporando y, sobre todo, una ESI que llegue de verdad a todos los lugares y a todas las personas a las que debe llegar. Diseñar una ley a la altura de estos desafíos sólo puede significar más, y nunca menos, educación sexual integral.

Si bien es cierto que el totalitarismo es un término asociado a la intrusión del Estado en las libertades individuales, existe un enorme consenso en las sociedades occidentales con respecto a ciertas reglas que han de estar por encima de los criterios individuales, y que se condensan desde mediados del siglo XX en lo que conocemos como los derechos humanos. Y ocurre que, en este caso específico, no se trata de una lista de derechos que los padres pueden decidir cuándo usar y cuándo reclamar. Porque son de los niños en tanto titulares. No del Estado, no de sus padres: de los niños. ¿Por qué? Porque tanto el Estado como los padres podrían ser, eventualmente, los que limitaran esos derechos. Entonces este marco permite reclamar al Estado cuando no cumple con los derechos de los niños, pero también proteger a los niños de situaciones de violencia y maltrato familiar, o de negligencia de sus padres respecto de su acceso a la salud y la educación.

En lo que refiere al derecho a la educación sexual, existe un enorme marco legal de derechos humanos, derechos del niño y leyes nacionales que respaldan la necesidad de aplicar la ESI.

 

Por Ailín Santander 

 

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