Opinión: `Los encierros y la prédica del terror no sirvieron para nada´ - Por Osvaldo Martín Beunza

 

A la vista de las cifras que arroja la pandemia del Covid-19, el autor de esta columna de opinión asegura que los encierros y la prédica del terror no sirvieron para nada. 


Concluyó el año más funesto del que tengo memoria; y conste que me tocó vivir de niño la epidemia de poliomielítis de mediados de la década de 1950. Recuerdo que en esa oportunidad no se llegó, ni por asomo, a las medidas extremas adoptadas.

Desde el 20 de marzo en adelante hubo una sucesión de encierros seriales; una tendencia a infundir el miedo; y un fenomenal descuido de la educación, haciendo recaer, en gran parte, la responsabilidad de educar en los padres de cada alumno.

Aprovechando esa situación de miedo y asombro, una admirable combinación, se llevaron a cabo medidas restrictivas de las libertades individuales que, en nombre de la salud, no lograron preservarla pero, en cambio, fueron aprovechadas para acometer tareas execrables en contra de quienes pensaban en forma distinta. No escapa a mi memoria el día en que el señor Fernandez, fustigó a una periodista que le llamó la atención sobre el daño anímico causado por el encierro. Hoy, nueve meses después, esos daños están a la vista. El barbado e irreflexivo jefe de gabinete se encargó de apostrofar a quienes hablaban de “infectadura”; y señalaban el preocupante avance sobre las libertades públicas.

Hoy, a la vista de las cifras que detallaré más adelante, puedo decir que los encierros y la prédica del terror no sirvieron para nada. Al 29 de diciembre del año que fenece hay 1.602.163 contagios; 1.420.885 altas; 138.260 casos activos y 43.018 fallecidos. Me detendré en este último número para relacionarlo con la población estimada en 45,3 millones de habitantes; el resultado de dicha relación es de 950 muertos por millón; es decir que avanzamos, a paso firme, a la nada alentadora cifra de un óbito por cada mil personas que vivimos aquí.

Si se tiende la vista hacia atrás, al comienzo de esta pesadilla; el señor Fernandez hizo la temeraria aseveración que, de haber gobernado su antecesor, el señor Macri, los muertos habrían llegado a diez mil. Hoy hemos cuadruplicado ampliamente ese guarismo; pero el primero de ellos quien gobierna; o al menos eso pretende hacernos creer.

El lamentable episodio de un ex relator de fútbol, metido a opinador político-militante, describiendo el decolage de un avión con destino a Moscú, fue un grotesco de proporciones. Si a ello se le agrega la inscripción de los tapabocas de la tripulación que rezaba “operación Moscú”; se pretendió igualar dicho vuelo a una operación de la “Fueza Delta”, muy descolorida por cierto.

Ahora hablemos del producto transportado. La vacuna “Sputnik V”, bautizada de ese modo para recordar al primer satélite artificial en órbita, viene precedida por una serie de dudas acerca de su seguridad y eficacia. Es probable que el señor Putin, ex KGB, se haya propuesto usar a esta comarca, y a quienes vivimos dentro de ella, como un campo de pruebas para despejar dudas. Si ello fuera así, resultaría lamentable y, posiblemente, fatal para algunos.

Seguramente, habrá más disparates en el año que se avecina. Tiempo al  tiempo.

 

 

Por Osvaldo Martín Beunza* 

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