¿Es posible una agricultura sostenible?

 

El cambio climático global junto con problemáticas locales como la escasez hídrica, desafían las metodologías actuales que lleva acabo la agricultura en nuestra provincia y en el mundo. Asimismo, debido al mal uso de los recursos naturales, respaldado por el muy conocido “desarrollo sostenible”, obligan a la búsqueda de nuevas tecnologías que puedan ser usadas a nivel agrícola para mejorar los rendimientos de los cultivos y minimizar el impacto negativo en el ambiente.

Según D'Amico y colaboradores (2014), el concepto de desarrollo sostenible presupone que es posible establecer relaciones armónicas y de equilibrio entre los campos económico, social y ambiental. Sin embargo, tal como se discute en su artículo “Desarrollo sostenible y conservación: algunos debates, alternativas y propuestas”, esta supuesta armonía y equilibrio no existe. Lo que realmente ocurre es la búsqueda en gran medida del crecimiento económico dejando de lado cuestiones ecológicas y sociales relacionadas. Entonces es preciso preguntar, ¿existen actualmente prácticas sostenibles en el uso de los recursos naturales?

A nivel global la agricultura se enfrenta a una realidad en la que los monocultivos o el uso excesivo de fertilizantes sintéticos ha ocasionado la pérdida de fertilidad de los suelos, contaminación de recursos hídricos y emisiones gaseosas. Esto ha causado daños irreparables al ambiente con riesgo potencial para la humanidad. Esta realidad se ha convertido en una de las preocupaciones más importantes en este ámbito. Sin embargo, es aún más preocupante el hecho de que conociendo los perjuicios ocasionados por este sector productivo, se sigan utilizando tecnologías que van en detrimento de la naturaleza de la cual somos parte.

¿Acaso el ser humano todavía está alienado de la naturaleza? ¿Podremos llevar adelante una agricultura sustentable que integre los aspectos económicos, sociales y ecológicos? ¿No sería necesario un cambio de mirada en cuanto a la idea de crecimiento económico, y redirigirla a la idea de que lo necesario es una mejor distribución de los recursos?

En nuestra provincia (Mendoza-Argentina), los cultivos agrícolas se ven afectados por el clima desértico y el continuo cambio: estaciones con marcada escasez hídrica y temperaturas que alcanzan los 40°C, o estaciones con temperaturas mínimas bajo cero. Además, podemos sumar los efectos negativos de nuestro viento Zonda, y el elevado contenido de sales de los suelos cultivados en nuestra provincia. Estos factores condicionan el rendimiento y continuidad de los cultivos, los cuales perciben grandes pérdidas por no poder enfrentar con éxito estas situaciones de estrés ocasionadas por un ambiente hostil y en continuo cambio. ¿Cómo enfrentar tales desafíos sin utilizar tecnologías que impacten negativamente en la naturaleza?

En el Instituto de Biología Agrícola de Mendoza (IBAM-CONICET-UNCuyo), una de las líneas de investigación está relacionada con el estudio de la interacción mutualista bacteria-planta dada por las rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal conocidas como PGPR. Las PGPR colonizan la rizosfera (zona de interacción única y dinámica entre raíces de plantas y microorganismos del suelo) y afectan positivamente el desarrollo de las plantas. El efecto promotor está dado por:

Producción de fitohormonas.
Producción de enzimas esenciales.
Fijación biológica de nitrógeno.
Producción de antibióticos e inducción de mecanismos de resistencia (protección de la planta contra patógenos).
Solubilización de formas insolubles de fósforo inorgánico o mineralización del fósforo orgánico.
El incremento en la resistencia frente a estrés abiótico (ej: sequía, salinidad, frío).

Dentro de estos mecanismos, la producción de fitohormonas (PGR) es uno de los de mayor importancia y está relacionada con la tolerancia frente a diferentes condiciones de estrés (Cohen et al 2015b, 2016). En nuestro grupo de trabajo, uno de los objetos de estudio es el análisis de nuevas fitohormonas producidas por las rizobacterias (PGPR). Es de importancia conocer cómo estos microorganismos llevan adelante estas respuestas benéficas para las plantas a fin de saber si estas respuestas también tienen beneficios o no en el ser humano (que consume dichas plantas cultivadas) y los efectos en el ambiente circundante.

Las PGPR se presentan como una alternativa sustentable para llevar adelante una agricultura más amigable con el ambiente ya que podrían ser usadas como biofertilizantes naturales en reemplazo de los fertilizantes sintéticos que en la actualidad son extensamente utilizados. El uso de estos biofertilizantes permitiría favorecer la disponibilidad de los elementos nutritivos, el crecimiento de las plantas y los rendimientos (Reséndez et al. 2018). Fue recién en la década de 1990 que surgió esta alternativa sustentable como una práctica innovadora dada la creciente preocupación por el ambiente a nivel mundial en búsqueda de alternativas de fertilización con una menor dependencia de sustancias contaminantes.

 El uso de las PGPR como biofertilizantes se encuentra dentro de un conjunto de prácticas que se enmarcan en la llamada Agroecología. La Agroecología surge como una disciplina que “provee los principios ecológicos básicos sobre cómo estudiar, diseñar y manejar agroecosistemas que son productivos y a su vez conservadores de los recursos naturales y que son, culturalmente sensibles y socialmente y económicamente viables”, según Altieri 2002. La agroecología estudia los agroecosistemas que incluyen todos los elementos ambientales y humanos, y se enfoca en la forma, la dinámica y función de sus interrelaciones y los procesos en los cuales están comprendidas. 

Tener conciencia de que somos parte de la naturaleza y que necesitamos de los recursos naturales para sobrevivir y permitir la continuidad de las próximas generaciones en un planeta Tierra en buen estado, es primordial para pensar y proyectar nuevas tecnologías y líneas de investigación que apunten a una SOSTENIBILIDAD real, solidaria y comprometida. Sin embargo, el camino hacia una agricultura sostenible requiere de un cambio de mirada no solo a nivel científico sino también social, económico y político. Pero, ¿podremos alcanzar este objetivo? Quizás sean necesarios y no menos trascendentes nuestros pequeños aportes en esta búsqueda. El camino se ve largo, sobre todo si miramos hacia atrás y vemos todos los “intentos” y caídas, pero una mirada más esperanzadora es reconocer que existen muchos sectores cuyos intereses en esta búsqueda de la sostenibilidad son sinceros y que sus aportes nos alientan a que el cambio y el cuidado del ambiente es posible.

 

Referencias bibliográficas

Altieri, MA (2002) Agroecología: principios y estrategias para diseñar sistemas agrarios sustentables. En: Sarandon SJ (ed) Agroecología: el camino hacia una agricultura sustentable. Ediciones Científicas Americanas. Buenos Aires-La Plata, Argentina, pp: 27-34.

Cohen A C, Bottini R, Pontin M, Berli F, Moreno D, Boccanlandro H, Travaglia C N, Piccoli P N. (2015a). Physiol Plant 153(1):79-90.

Cohen A C, Bottini R, Piccoli P (2015b). In Bacterial Metabolites in Sustainable Agroecosystem. Maheshwari, Dinesh K. (Ed.). Springer 1st ed, Vol. 9, pp. 259-282.

D’Amico, P., N.M. Schroeder, and P. Taraborelli. (2014). Ventana 03. Desarrollo sostenible y conservación: algunos debates, alternativas y propuestas. Pages 161–186 in L. Torres, E. Abraham, and G. Pastor, editors. Ventanas sobre el territorio. Herramientas teóricas para comprender las tierras secas. EDIUNC, Mendoza.

Moreno Reséndez A, García Mendoza V, Reyes Carrillo J L, Vásquez Arroyo J, Cano Ríos P. (2018). Rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal: una alternativa de biofertilización para la agricultura sustentable. Revista Colombiana de Biotecnología, [S.l.], v. 20, n. 1, p. 68-83,

 

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