Día de la Democracia: Nota de opinión por Federico Zamarbide

 

El 15 de septiembre de 1997 la Unión Interparlamentaria adoptó la Declaración Universal sobre Democracia que reafirma sus principios y los elementos y prácticas necesarios para un gobierno democrático. Es por ello que desde 2008 se celebra en esta fecha el Día de la Democracia

 

 

Columna por Federico Zamarbide, diputado nacional.

DEMOCRACIA SIGLO XXI

La tensión entre libertad e igualdad es lo que ha definido los regímenes políticos de Occidente en el siglo XX. Tuvimos sociedades que sacrificaron la libertad para lograr una supuesta igualdad que finalmente no llegó, y a la inversa. Como en la teoría todo es perfecto, y todo análisis es en definitiva un recorte sesgado de la realidad, los libros de economía y ciencias sociales se prenden fuego a la hora de explicar los procesos políticos latinoamericanos.

La democracia es una utopía hacia la cual caminamos, es el nunca llegar pero el saber adónde vamos. Claramente, sabemos que este caminar transita de forma errante, pero hay un consenso social mayoritario en Argentina respecto a que siempre es mejor transitar este sendero de paz y representatividad. Las ideas sobre modelos autoritarios en Argentina se quedan, afortunadamente, sin consenso social. Ahora bien, la autoridad política debe tener una doble legitimidad: de origen y de ejercicio. Las elecciones abiertas y transparentes otorgan la primera, nadie duda de que en nuestro país gobiernan quienes han sido electos por el voto popular. Pero tenemos un gran problema respecto a la legitimidad de ejercicio. La representatividad tiene que validarse día a día en el ejercicio del gobierno. En épocas de eslóganes de campaña, se subestima al votante proponiendo soluciones fáciles a problemas complejos. Por citar sólo un ejemplo, la pobreza estructural mantiene índices que no han variado mucho durante 30 años. Candidatos que proponen “prender la economía” como si fuese un interruptor de luz, tendrán un grave problema de legitimidad en caso de que ganen las elecciones.

Con la misma fuerza que se valora la democracia como una conquista de nuestro país, también se rechaza la política como herramienta de transformación. Seguramente, el culto a la imagen, los personalismos, el exceso de marketing, explican gran parte de este desprestigio. Una de las formas de solucionarlo es fomentar la profesionalización de la gestión pública reconociendo a funcionarios que alcanzan resultados. Otra es superar los caudillismos: como todo en la vida, el éxito es consecuencia de un trabajo metódico y planificado, no podemos seguir esperando el mesías o “el modelo” que nos salve.

Construir un Estado Inteligente que actúe eficazmente brindando bienes y servicios públicos de calidad debe ser un objetivo de toda la dirigencia política. Aunque parezca mentira, muchas fuerzas políticas consideran esto una cuestión menor: los objetivos de Desarrollo y distribución del ingreso están primero. El problema es que no se dan cuenta que un Estado moderno y eficiente es condición necesaria, aunque no suficiente, para conseguir estos objetivos. Un gobierno que provee salud, educación, justicia y seguridad de calidad; pero también espacios públicos, rutas, puertos, y energía en cantidad y con las adecuadas características, es un gran constructor de EQUIDAD. Quienes más necesitan una salud pública de buen nivel son justamente quienes no pueden pagar por ella de forma privada. La infraestructura es la base para el Desarrollo, con lo cual Obra Pública también es sinónimo de trabajo y, consecuentemente, de oportunidades.

 La construcción política en argentina no puede ignorar factores de nuestra idiosincrasia y costumbres, por ejemplo, que somos un país sin confianza en nuestra moneda, lo que genera una economía bi-monetaria. Los mercados y las monedas se construyen y fortalecen con confianza, y generar dicha confianza es tarea de la política. El Desarrollo se consigue con estabilidad, es imposible consolidar el crecimiento si la política genera un descalabro económico año por medio. La estabilidad del sistema económico y financiero es otra de las grandes deudas de la democracia argentina.

En tiempos en que los partidos políticos forman coaliciones electorales, es muy importante que dichas coaliciones tengan cierta estabilidad y normas de funcionamiento, tanto para su organización interna como para el ejercicio del gobierno que llevarán adelante. Caso contrario, la inestabilidad interna entre los partidos que conforman un frente generará inestabilidad del sistema político, y consecuentemente graves problemas económicos por falta de confianza.

La democracia debe encontrar el justo equilibrio entre libertad e igualdad, tensión que tienen todos los sistemas políticos del mundo. De su éxito para lograr este equilibrio dependerá la legitimidad de la representatividad política argentina. Para ello, hacen falta políticos bien formados, que logren acuerdos que permitan establecer bases para políticas de Estado.  La política y la diplomacia surgieron como alternativa a la guerra, aunque no rinda electoralmente, la moderación es una virtud que permite establecer esos acuerdos de largo plazo. El éxito de un país se planifica, y ya se han perdido demasiadas décadas improvisando.

 

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