Columna: `Vendimia for sale´ - Por Luis Freire

 

En esta columna, el docente y artista visual Luis Freire reflexiona cuestiones coyunturales en torno al acto de Vendimia de San Rafael, en el contexto de la gestión cultural pública. 


En San Rafael el lunes posterior a la Fiesta de la Vendimia local es el primer día del año municipal. El “hablemos después de vendimia” ya llegó, y entonces hablamos. De manera recurrente, la Fiesta de la Vendimia cristaliza humores administrativos, diluye tiempos, afianza significados.

En escena, donde ocurre tal vez lo menos relevante, se pone en juego una compilación de recursos formales que rara vez supera el telurismo naif y escolarizado. Naturalmente adornados con giros de contemporaneidad, los lemas de siempre: el sol, la vid, el trabajo, la tierra, una tonada y -una broma de mal gusto- el agua.

Un ritual empastichado lejano a cualquier realidad, casi siempre anodino, sin carácter, acrítico. Con este formato, la Fiesta no puede ser otra cosa, o bien, no es otra cosa porque no puede ¿De qué otra manera podría ser, si su objeto no es otro que la autocelebración, la autosatisfacción oficial? Es simple, pues La Fiesta no es una fiesta; es poco más que un discurso de Estado que ha moldeado a un público inactivo. He allí lo único interesante: lo que ocurre afuera del escenario, donde se ubica el otro contenido del acto. Ese discurso de Estado pleno de palabras, gestos, tonos, timbres de voz, formas, nos presenta la única oportunidad en el año de pensar lo cultural como significante del contexto político. Una obra de arte que muy a su pesar, ha debido construir sentidos afuera por haber perdido el filo para construirlos adentro.

Veamos. Hace unos días circularon en las redes sociales locales dos noticias, en primera instancia disímiles, pero desde luego emparentadas: la decisión (que de algún modo celebro) de suspender la Vía Blanca, y el reclamo de bailarines del acto central por la miseria de cachet que les paga el gobierno municipal.

El argumento de la Intendencia para suspender la Vía Blanca está fundamentado en su alto costo. Sin especificar mucho puede sonar comprensible, pero formulado de esa manera pone en evidencia una nociva mirada economicista de la gestión en cultura. La ecuación costo/beneficio arroja malos resultados y parece que La Vía Blanca no rinde. Es aburrida, repetitiva, obvia, innecesaria. ¿Hacía falta un argumento economicista para suprimirla? Yo creo que no, pero en un gobierno con escasa valentía creativa en la gestión de la cultura, el único argumento válido tiene que ver con el bolsillo y no con los ritmos de los nuevos debates sociales. Así -todos contentos- la Vía Blanca no se hace porque hay que cuidar el dinero público.

Pero si avanzamos en esa dirección, el argumento de mutilación de los actos vendimiales queda preso del doble discurso dirigencial. Argüir que no hay dinero cuando en paralelo se despliega una berretísima temporada teatral -con fondos públicos- en el Cine Roma, es de una llamativa hipocresía. La obra protagonizada por las estrellas actorales Nazarena Vélez y Belén Francese, le cuesta al Estado municipal cerca de 5.000.000 de pesos. El monto deviene de estimaciones, puesto que la negativa de la intendencia a revelar el dato desdibuja el altísimo número.

La información pública al respecto se encuentra vedada bajo la explicación de un “Convenio Privado de la Intendencia”. Una figura administrativa inexistente, que no hace más que confirmar la sospecha. Todo mal y caro. Muy.

Por otro lado pero en relación a lo anterior, el reclamo de bailarines locales a partir de la ofensiva remuneración recibida por la participación en el Acto Central de Vendimia. Previo al día del acto, una incipiente organización de artistas comenzó a visibilizar su problema. La conquista autogestiva logró que la Municipalidad les pagara ya no $65, sino $85 la hora. Y así, prácticamente por “el pancho y la coca”, se subieron a trabajar, entiendo que con una mezcla rara de vergüenza, bronca y amor propio. Al finalizar, desplegaron una bandera que escenificó el reclamo. Demasiado poco tal vez, pero con la problemática instalada y el antecedente organizativo para los años venideros. Nada mal.

(Foto: Mediamza)

 

El reclamo de los artistas puso en vidriera no solo una problemática sectorial, sino una desgastada relación de los gobiernos con sectores y organizaciones culturales y artísticas. Un bajo fondo de la precarización laboral en el Estado, ahora, en versión coyuntural de gobiernos post-macristas.

¿Tela para cortar? Mucha. ¿Tomarán nota el ejecutivo y los concejales del hastío de trabajadores-artistas de Vendimia? ¿Conoce la comunidad local el trasfondo de los históricos reclamos de sector cultura? ¿Es justo que la empresa de iluminación y sonido se lleve el 60% del presupuesto de la Fiesta, y quienes suben a escena se repartan las migajas? ¿Aportarán dinero alguna vez los grandes bodegueros, principales beneficiarios de la Marca Mendoza? ¿Será hora de dejar de elegir reina?

Podría seguir, pero acá me detengo. Las condiciones están dadas, sólo hace falta observar la realidad y responder con decisión y seriedad en el desarrollo de otras políticas culturales. Cambiar algo para que nada cambie, ya ha dejado de ser una opción.

 

Por Luis Freire*  / *Docente / Artista Visual / 1980freire@gmail.com

Foto portada: Prensa Municipalidad

 

 

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