Columna: `Luego del Pacto del Cianuro, al peronismo de Mendoza´ - Por Luis Freire

 

El pasado jueves 26, cuando el descontento social seguía en aumento por la reforma de la Ley 7.722 y aún no se avizoraba un principio resolutivo, el artista plástico y docente sanrafaelino Luis Freire, apuntaba un crítico enfoque hacia la dirigencia política, y en especial, al peronismo mendocino. Ojos de Café comparte y hace llegar a sus lectores el texto completo que su autor posteó en las redes sociales.    


Todos estos últimos días, se fue desatando en la Provincia de Mendoza una masiva respuesta popular en defensa de la Ley 7.722 y en rechazo a las decisiones de la dirigencia política. Una pueblada, que como todas, ocurrió de manera poco esperada y emocionante. En acuerdo casi pleno entre los dos históricos partidos gobernantes votaron en el (p)recinto legislativo a favor de la modificación de la 7.722. Una sabia y trabajada ley lograda hace algo más de diez años, que garantizaba las condiciones sanitarias del agua y la defendía del eventual daño de la actividad minera de gran escala. Una sabia ley, sin dudas.

En las calles, en la opinión pública y en redes sociales fuimos enterándonos estos días de los acontecimientos, que a medida que fueron corriendo las horas se volvieron más y más vergonzosos: acuerdos partidarios a escondidas, de apuro, y revoleando en una escaramuza legislativa años de trabajo de especialistas, organizaciones y científicos que habían llegado al acuerdo básico de la Ley 7.722.

Quienes nos identificamos con eso que llamamos peronismo y con aquello que lo rodea, con ese enorme movimiento popular, nos desayunamos con las acciones de nuestros dirigentes, dóciles en la complicidad. Los vimos saliendo del edificio legislativo, mirando hacia abajo y al trotecito, huyendo por atrás de un cerco vallado que simbólica y físicamente los separaba de un pueblo que los repudiaba (desde una plaza que - ¡horror! – lleva el nombre de Independencia). Esos mismos dirigentes que algunos vimos como una brisa fresca, que nos iban a dar la posibilidad de respirar, de asomar la cabeza luego de cuatro años de desgracia; aquellos que nos iban a marcar el camino de una paz social y psíquica, en tiempos que advenían difíciles.

Y por eso, la desilusión. Por eso la tristeza: nunca esperamos que nuestros dirigentes actuaran de espaldas al pueblo, en un típico acuerdo de cúpulas, como partícipes de una traición que ya lleva el nombre de Pacto del Cianuro. La otra parte, el mórbido gobierno de Rodolfo Suárez, al menos propuso su agenda y su estética de los próximos cuatro años. Nada nuevo: violencia, represión, acicateo del odio, operación en los medios, un puñado de negocios personales y no mucho más. Sin rumbo, llenos de contradicciones y carentes de temperatura política, los dirigentes del peronismo mendocino aceptaron la semana pasada ser el furgón de cola de ese tren.

La pregunta es ¿Por qué…? y las respuestas no son muchas. Ellos, los dirigentes, hablan de matrices productivas agotadas, de desarrollo, de fuentes de trabajo. Pero como lo dicen en abstracto, con la voz floja y mirando hacia abajo, no se les entiende mucho. Pero los pueblos no se equivocan y todos sabemos de qué se trata. Además de eso -de eso que ya todos sabemos-, se trata de una histórica declinación dirigencial que tiene sumergido al peronismo provincial desde hace años. Son los cultores de la mezquindad de municipio, de la salida individual, de la mirada y la mentalidad estrecha. Expertos en perder elecciones, ahora son los bufones de una corte provinciana y rancia. Y para quien ha decidido convertirse en bufón, lo único que tiene para dar es eso: burlas. Piruetas de saltimbanqui. Bufonadas.

De frente, Anabel Fernández Sagasti y Emir Félix (Foto: Seba Heras, diario El Otro)

 

Luego, lo esperable. Silencio. Argumentaciones contradictorias. Reacciones balbuceadas. Suarez agradeciendo a Anabel Fernández Sagasti por su colaboración en la modificación de la ley. Guillermo Carmona, presidente del Partido Justicialista, saliendo a explicar que él, desde lo personal, no está de acuerdo con la modificación de la 7.722, pero su partido sí. Un video del intendente de San Rafael –que viralizaron en las redes una cuadrilla de mecánicos replicantes- diciendo que no debíamos preocuparnos pues en San Rafael estábamos protegidos por una ordenanza municipal. En menosprecio del pueblo que gobierna, tardía e inverosímil, la humorada de Félix reduce su mirada a la de un quiosquero de la política. Pero ya sabemos que Félix no es un quiosquero: además de intendente, es desde hace unos días –y junto a su hermano diputado nacional- empresario minero.

Así la dirigencia. Unos por “h” y otros por “b”, todos encontraron una razón o algo que se le parezca. Ahora, han hallado un huequito para justificar la claudicación: puesto que la UCR tiene mayoría propia, ellos no pueden más que acompañar, decir algunas cositas y levantar la mano. Todo muy pobre, muy estupidizante. ¿Qué nos espera, a diez días del inicio de la gestión, si de arranque nos encontramos con esa aceptación de la derrota? ¿O es que tiraron la toalla en el primer round? Nada de eso pues en estos debates no existe la ingenuidad. Quienes los votamos hace apenas unos días estamos esperando otro combate, otras inteligencias, otra valentía y otra dignidad.

Un párrafo aparte merece el rol del gobierno nacional en el conflicto. Confuso, poco claro, demasiado silencioso. El Ministro de Ambiente Juan Cabandié –tal vez el más inexperto de los ministros de un gabinete de excelencia-, desde su oficina en Buenos Aires solo ha manifestado encontrarse “preocupado”. Demasiado poco, demasiado decorativo. Palabras que al no aportar, restan. Desde ya, un flaquísimo favor le hace esta dirigencia provincial al gobierno nacional, al que le han dibujado una mancha de nacimiento. Para las hoy maltratadas bases del peronismo mendocino surge una inquietud: o los dirigentes provinciales mantienen desinformados al Presidente, o bien, el traspié del gobierno nacional en realidad no es un error. Esto último, lo digo con tristeza, es de una altísima probabilidad.

Ministro de Ambiente de la Nación, Juan Cabandié (Foto: Archivo Clarín)

 

La antigua bandera peronista del país industrial y en oposición a las oligarquías agroexportadoras, sigue viva por concepto y por continuidad histórica. Pero es obsoleta si no se desmenuza y actualiza. Debe revisarse pues de tan obvia y abstracta, pierde el filo y queda presa –como en este caso- del remanido discurso que promueven las transnacionales mineras. Es decir, se quedan arando en los supuestos beneficios de la explotación, y nunca hablan de los riesgos de la contaminación, del extractivismo, ni del foco infeccioso de corrupción que traen incorporadas esas gigantescas empresas. O aquella tradición de desarrollo industrial se reescribe a la luz de los tiempos que corren, o el capital simbólico del peronismo quedará averiado por arcaico y estéril.

¿Estarán los dirigentes dispuestos a entablar este debate con la valentía que el pueblo demanda? Todo parece indicar que no. Simplemente porque muchos dirigentes del peronismo local, no son dirigentes. Son el nombre que alguna vez apareció en una boleta electoral, técnicos del menudeo, del cabildeo y la condescendencia. Parientes, amigos o socios “de”, que aprendieron rápido las mañas una vez en sus asientos. Por eso muchos lo aprendieron mal, respondiendo primero a quienes los señalaron para que levanten la mano, para mover la boca cuando les den permiso. Así han sobrevivido, muy útiles para el protocolo y para reproducir lo formal de la política, pero muy inexpertos cuando el pueblo, al que contadas veces representaron, los reclama.

Pero también los reclaman sus bases más orgánicas, a las que han fracturado, a esos que ahora les piden que den la cara y salgan a defender lo indefendible. Muchos de esos militantes se encuentran atrapados, en estado de obediencia debida o avergonzados en la militancia del silencio. Y ellos lo saben.

Siempre hay otras opciones: la discusión sobre la soberanía de la tierra, la nacionalización y protección de los recursos nos sigue aguardando, casi como una señal histórica. Ponerse al frente o al menos acompañar el reclamo popular es otra posibilidad. Si no atendemos a ese clamor que recién empieza, estamos perdiendo conciencia y olvidando la Historia, pues el pueblo en la calle está en la genética y en el corazón del Movimiento Nacional. Si la dirigencia ha decidido abandonar ese precepto se habrá rendido frente a la Historia. O bien, habrá decidido ofrecer un costado para que sea el pueblo quien se los lleve por delante.

A propósito…. ¿Cianuro? No, gracias..

 

Por Luis Freire*
*Docente / Artista Visual / 1980freire@gmail.com

 

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