Hernán Cattaneo: ´Nunca habrá un último show´

 

Belgrado, Marrakech, Bélgica, Londres, Beirut, Líbano y Mendoza. Con la verborragia que lo caracteriza y te sorprende por su capacidad para hablar sobre cualquier cosa, Hernán nombra algunas de las ciudades que visitará a lo largo del inicio de la temporada. Junio, julio y agosto lo tiene viajando en Europa por el verano del norte, pero entre las semanas libres que puede tomarse, además de estar con su familia, el dj ofrecerá un set de 10 horas dividido en dos, en el Arena Maipú.

A principio de marzo se anunciaba su tan ansiada llegada. Durante el 1 de abril, la primera tanda de entradas no duraría mucho y el show se agotaría de inmediato. Una segunda presentación era casi inevitable. Así, uno de los disc jockeys más importantes a nivel mundial toma por asalto nuestra provincia para reunir una vez más a sus miles de seguidores, que no dejan pasar la oportunidad de disfrutar su música.

El verano europeo está a la vuelta de la esquina. Abril y mayo son los meses de mayor trabajo en estudio y este año, su nuevo trabajo lo acompaña por las ciudades del viejo continente y también en su visita a Mendoza. Sobre las fechas en el Arena, sus primeras palabras son prometedoras: “Si bien la capacidad es limitada, es la ideal para cada show. La gente va a estar cómoda, el sonido es buenísimo y la producción es de nivel internacional”.

 

Entrevista cortesía Los Andes

En casi una hora de conversación, Hernán Cattaneo cuenta sobre su ritmo de vida, sus presentaciones, el estigma de las drogas, los shows en Mendoza y lo que esté por venir.

 

-¿Cómo es animar a la gente, ajena a la movida, a escuchar música electrónica?

-En los últimos años la música electrónica se ha abierto muchísimo. Hay diferentes espacios a nivel global. El año pasado en Las Rosas dimos un show increíble y yo venía de tocar en el Teatro Colón: fíjate los lugares a donde ha llegado. Como todo, porque hay gente que no entiende y no tiene por qué entender, hay muchas versiones de esta música. Lo que propongo es mi interpretación de la electrónica. Crecí escuchando gente diciendo “la electrónica es toda igual”. No, pará: vení a escuchar y vas a ver. Hicimos cuatro funciones en el teatro Colón, otras para veinte mil personas en Córdoba: eso fue en base a invitar a escuchar. 

-¿Cómo definís esa interpretación? ¿Se ha modificado a lo largo de los años?

-La identidad de un dj es importantísima: lo que te gusta, lo que querés, tenés que tener claro tu sonido, que la gente lo pueda identificar. La gran diferencia de hace veinte años a ahora, si bien yo tenía en claro qué es lo que me gustaba, es que en ese entonces no podía desarrollarlo como yo quería. A medida que han pasado los años, fui imprimiendo más mi identidad en los shows. Si yo pudiera escuchar uno de hace veinte años, encuentro cosas en común, pero a medida que crecés, te encargás de más cosas. Así después el público va predispuesto a algo nuevo.

-Si tengo que pedirte el celular para ver qué música tenés descargada, ¿con qué me encontraría?

-De todo. Escucho cinco horas de música al día. Desde chico mi banda favorita siempre fue Pink Floyd y lo sigue siendo. Si tuviese que elegir un solo disco de acá a mi muerte, sería “The dark side of the moon”. Mis hermanas mayores ponían esa música. Eso se me metió y quedó adentro. Cuando me metí a la electrónica, me podría haber inclinado al techno pero me fui por lo más volador, lo cinemático y explorador. No solo el tipo de música, sino la forma de tocarla, también progresiva. Mezclas sutiles, prolongadas, medio imperceptibles. 

- Siempre llegan dj internacionales, un número menor a los argentinos, que quizá los vemos cuando vos venís ahora. ¿Qué recomendarías entre los talentos nacionales?

- La facilidad de arrancar a hacer música electrónica ha hecho que muchos jóvenes en los últimos diez años se hayan dedicado a esto. Los que más se esfuerzan y más talento tienen, que les lleva mucho tiempo, los hace diferentes. Cuando hagamos estos shows, vamos a tener a Agustín Paoletti y Valentina Chaves, mendocinos que han forjado su carrera, y son chicos que tienen un montón de futuro.  

-¿Qué pensás sobre el estigma de las drogas en tu trabajo?

-Creo que las drogas son un problema social que aplican a todos los rubros de la sociedad: en la música, en el deporte, en la política. Es uno el que toma las decisiones.

Tengo 54 años, no tomo alcohol, ni drogas, ni fumo cigarrillos. Me parece que es bastante hipócrita que se estigmatice a la música electrónica por eso. Lo que hay es un tema social y debería haber, como en otras partes del mundo, mucha más educación.

Pero no hay que endilgarle la culpa a la música. Es como echarle la culpa al fútbol de que hay barrabravas. 

-Si tuvieras que trabajar un proyecto audiovisual, ¿cómo le pondrías imagen a tu música?

-Vengo de la temática “Blade Runner”, “Mad Max”, “Star Wars”. Definitivamente vendría por ese lado. Una cosa mundana con toques espaciales, de horario tarde-noche. 

-¿Qué tan distinto es el verano europeo a la temporada que hacés por acá?

-La diferencia del verano europeo con el verano del sur es que vos en Europa podés trabajar lunes, martes, miércoles, cualquier día. Hay festivales y fiestas en cualquier lado, estás muy ocupado. En el hemisferio sur podrías tocar un martes en Mar del Plata, pero lo más normal es que las cosas sean el fin de semana.

-¿Qué tanto influye el lugar donde te presentes? 

-Lo que influye es la atmósfera. No es lo mismo una discoteca oscura a las 3 de la mañana que la Quinta Las Rosas un domingo a la tarde. Tenés que musicalizar los estados de ánimo de la gente. El ambiente que genera el lugar, la hora, el tipo de público, si la gente viene bailando cuatro horas o recién arranca, hay que tenerlo en cuenta para darle sentido. Para mí es muy importante la coherencia, sea para un dj, la música de un shopping o un restaurante.

-Supongo que conocés las producciones de Cercle, esos shows en lugares de ensueño..

-Sí, tuvieron una gran idea. Lo que hicieron ellos con darle esa vuelta de tuerca con lugares fantásticos, lo hace más interesante. 

-Ahora, si tuvieras que elegir un lugar en el mundo para hacer uno, ¿cuál sería?

-Y, ¿por qué no la cordillera? Ya que estoy hablando con un mendocino…

-¿Te has planteado un límite en tu carrera? ¿Cómo sería una última presentación tuya?

-Yo no me esperaba una carrera tan larga, no es lo habitual. Mucho menos esperaba que el 2018 fuese el mejor año de mi carrera. Hace 20 años que tengo una carrera internacional y el año pasado fue el más fuerte que tuve. Te empuja un montón. Creo que el final no va a tener que ver con que si puedo poner música o no, porque eso siempre voy a poder. Siempre va a haber gente a la que le guste lo que hacés. El tema es cómo se siente uno. Nunca antes del Colón había hecho algo así, si bien fue un trabajo de locos, me encantó. Desde mi corazón, mi trabajo fue siempre ser dj, pero también podría hacer otras cosas. Sería muy difícil planear un último show, porque creo que nunca va haber un último show. Quizás esto de viajar tanto, sí. Lo que siempre sueño para cuando no viaje tanto es hacer un programa de radio, como los de antes: a la noche, ponés música y hablás de música. Me encanta eso. Probablemente me vaya transformando en otra cosa. 

-Las entradas se volaron en un día y tuvieron que organizar otro show, ¿te sorprendió eso?

-En la electrónica pasa mucho que sabés que el show se va a agotar, me pasó en Córdoba el año pasado, este año en Buenos Aires y me pasó en el Colón. Ahí fue tremendo: íbamos a hacer un show y tuvimos que hacer cuatro, se acabaron los tickets en un minuto. La gente que habitualmente iba al Colón quería ir y no podía, porque los electrónicos habían agotado las entradas (ríe). Me encanta, me llena de orgullo, es un privilegio enorme tener tanta gente fiel que te sigue. Pero te genera este problema: hay mucha gente a la que querés mostrarle este mundo y no está tan atenta a la venta. Estuvo bueno poder organizar este segundo show para que nadie se quede afuera.

 

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