Francisco: Más papista que el Papa

 

Para Borges las religiones eran apasionantes antologías del género fantástico. Para Francisco viajar a la Argentina, su país natal, aún resulta algo imposible y son muchas las especulaciones que crecen a raíz de tal decisión. 


Más de 1500 días son los que lleva Jorge Bergoglio siendo la cabeza de la Iglesia Católica. Ha visitado varios países en los diferentes continentes del mundo pero nunca volvió a nuestra nación desde aquel 13 de marzo del 2013 cuando fue electo tras la renuncia del alemán Benedicto XVI. 


La agenda del 2018 anunció los costosos viajes que el Papa está en estos momentos realizando por Chile y luego Perú, tierra donde se ve en su capital Lima, infinidad de carteles esperando por su visita. De hecho, los alrededores del Aeropuerto de Lima, una zona bastante pobre, están repletos de murales que rezan “Bienvenido Francisco”.


El Papa, más allá de las creencias religiosas que puedan tener cada ser humano, es un actor principal en la escena mundial que vivimos. Ha ocupado la tapa de las revistas y editoriales más importantes del mundo de los medios y cada vez que expresa algún mensaje, se replica por todos lados. La Iglesia, a pesar de todo, sigue siendo muy poderosa (y cara).
Pero más allá de toda presentación teórica en relación al mundo divino, la realidad que supera ampliamente la ficción es que Francisco no pisa suelo argentino y varios comentarios indican que no lo hará nunca, al menos como Papa.


No hay una razón absoluta, pues él mismo nunca lo ha expresado públicamente pero sin son varias las especulaciones que crecen a raíz de esto. Algunos dicen que no quiere venir a aumentar más “la grieta” que divide a nuestra sociedad. ¿Desde cuándo un líder que promueve la paz en sus discursos puede generar más división en un país donde la mitad le dice estúpidos a la otra mitad y viceversa? Incluso haciendo un análisis sobre esto, considero que amplía mucho más la brecha esta especulación nombrada que la no visita física del pontífice. 


Francisco asumió el pontificado próximo a cumplir los 75 años. La ilusión de un nuevo Papa peregrino parecía escasa durante los primeros meses de su pontificado. Pero en cuatro años, el Papa Francisco ya visitó en Sudamérica Bolivia, Paraguay, Ecuador, y Brasil, y tiene comprometidas visitas a Colombia, Chile y Perú. También visitó Estados Unidos y Cuba.


Por otro lado el agua del río papal tiene un eco que expresa la mala relación que tiene el Papa con Macri, teniendo en cuenta las políticas públicas que ha llevado el actual gobierno y más viendo la estrecha relación que generó en estos últimos años con personajes políticos ínfimamente relacionados al Gobierno predecesor. Francisco tiene fotos con Hebe de Bonafini y le envía cartas a Milagro Sala pero no sonrió ni un poco cuando Macri lo visitó en el Vaticano. Y eso en cualquier ser humano podría considerarse como algo normal, pues cada quien elige a quien sonreírle y a quien no, pero en la máxima figura de una religión que promueve el amor, no está bien. ¿Por qué? Porque el Papa debe estar por sobre encima de cualquier movimiento partidario político si lo que realmente quiere es acabar por ejemplo, con la pobreza.


Él está vestido de blanco y aun quitándose su ropaje, debería seguir vestido de blanco en sus ideales y si esto no lo consigue, que se dedique a otra cosa. 


“Ustedes no saben cuánto me gustaría volver a verlos”, se lamenta el líder de la Iglesia Católica. Grabó un video de 11 minutos en los cuales mandó saludos a su tierra e insistió con que es argentino. Algunos dicen que es tanto el amor por Buenos Aires que si volviera sería muy difícil irse nuevamente. Son argumentos válidos, pero para un mochilero que viaja a dedo.


Leí que para algunos de ellos, el Papa no iría a la Argentina para "no ser usado por Macri". Caramba. Es una explicación audaz afirmar que el Papa que se encontró con Cristina Kirchner cinco veces en el año electoral, que recibió a Nicolás Maduro cuando ya era muy impresentable, que tiene filas de invitados de toda ralea haciendo cola en Santa Marta, que viajando por el mundo estrechó manos santas y manos que tan santas no eran, tenga miedo a ser usado por el presidente constitucional argentino. ¿Qué debería hacer Macri? ¿Renunciar? ¿Acortar su mandato? ¿Irse de vacaciones durante la visita del Papa? ¿Cederle la presidencia interina durante su ausencia? Es tal la enormidad que me niego a creerla. Continúo creyendo, esperando, que el Papa sea un pastor, no un político cualquiera, aunque muchos lo critiquen por hablar más de política que de Dios.


Otros devotos del Papa han ido incluso más lejos: dicen que Francisco no va a la Argentina porque no comparte "las políticas sociales del Gobierno". Si fuera cierto, sería tremendo. En ese caso deberíamos deducir que, en cambio, el Papa admira las extraordinarias políticas sociales egipcia y ugandesa, centroafricana y birmana, países que visitó; que en lugar de traer la palabra de Dios, el Papa recorre el mundo entregando papeletas sobre lo que cree que deberían hacer los gobiernos electos de los países que visita, como si él lo supiera, como si fuera su negocio, como si estuviéramos en pleno cesaropapismo.


La pregunta que comienza a girar en torno a esta situación es si la Argentina necesita que el Papa venga de visita o si a estas alturas, da lo mismo. Es cierto, son millones los devotos católicos que verían con agrado la presencia del primer (y tal vez último) Papa argentino en su tierra natal, pero cuando el asunto se torna más político que religioso, significa que está verdaderamente sucio el río por donde ya no corre la biblia, sino más bien la constitución de color azul.


Quizá haya que adoptar una mirada basada en el sentido común para entender por qué Francisco hasta ahora no ha visitado la Argentina, y menos basada en las lecturas políticas. Porque, entre otros motivos, éstas no alcanzarán a explicar su visita cuando se concrete. Y asumir que Francisco asumió con profesionalidad y absoluta entrega el mandato recibido: ser pastor de todo el mundo, no sólo de su Betsaida, de su Galilea.


Son todas especulaciones y no más que eso. Tal vez el combustible en Argentina es demasiado caro para el papamóvil o tal vez la Argentina sea demasiada polémica para el hombre de blanco que busca la paz mundial. 
 

Martín Falcone

Martín Falcone, 27 años, director editorial de Ojos de Café. La música me acompaña, sobre todo los Beatles . Me gusta viajar y conocer nuevas historias para algún día escribirlas. Disfruté todos los goles de Palermo casi tanto cómo escuchar al Negro Dolina. Sueño con entrevistar a Sabina (y compartir algún trago). Todo pasa.

 

 

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