El narcisismo de Donald Trump

 

Para la periodista de La Nación Inés Capdevilla, el problema de Trump es que tiene mucha inseguridad personal. En un artículo publicado recientemente en el diario La Nación titulado: “Donald Trump, el presidente más inseguro”, la autora se lamenta de que el examen al cual Trump se sometió recientemente no busque indicios de inseguridades. De someterse, afirma Capdevilla, “probablemente encontraría muchas” . Para ella, ésta es la razón por la cual el presidente norteamericano siente una “necesidad constante de autoproclamarse un ‘genio estable’, de repetirlo con cuanto sinónimo encuentre, o de apelar a todo tipo de superlativo para él, su gobierno o sus políticas”.

Las consecuencias de esta “inseguridad” de Trump serían nefastas. Capdevilla tiene razón en alertar que lo que ella considera inseguridades de Trump son peligrosas globalmente, como, por ejemplo, cuando “un presidente amenaza a otro tampoco muy confiable con su ‘botón nuclear’”, o que “la inseguridad se estremece y se convierte en un peligro y en una forma bastante ineficiente de conducir un gobierno”.

El problema con el análisis de Capdevilla, sin embargo, es que, en realidad, el problema de Trump no es su inseguridad, sino su excesiva confianza en sí mismo. Es decir, el problema es exactamente el opuesto, el cual manifiesta un narcisismo craso. Al menos, al dar su diagnóstico, la autora pide perdón a Fred, Lacan, y Jung, eminentes representantes del psicoanalismo. Pero va demasiado lejos cuando aconseja: “tal vez debería pedirle a su médico que le busque un test para detectar inseguridades—alguno debe haber— y empezar a tratarlas.” Un poco de lectura más profunda en estos temas nos hará dar cuenta de que la causa de estos alardes no es la inseguridad, como mitológicamente se cree. Tal cual, como usted lo lee: es un mito que la inseguridad personal es la que lleva a las personas a demostrar un afán desordenado por manifestarse. El problema es exactamente el contrario: Trump actúa como actúa por un exceso de seguridad y confianza en sí mismo.

Por eso, contra lo que piensa Inés Capdevilla, el problema con Trump no es que es “el presidente más inseguro.” Por el contrario, es el que se siente más seguro, lo cual lo lleva a ser un verdadero narcisista y devorador de fama, y en cierto sentido, un peligro para los demás.

En un gran e interesante estudio sobre la epidemia del narcisismo, los investigadores norteamericanos Jean Twenge y Keith Campbell mostraron cómo hay una correlación entre el énfasis en sentirse importante, en creer en uno mismo, el sentirse demasiado seguro, y el narcisismo. Tal es la situación, que la cultura moderna bien podría catalogarse como una cultura narcisista.

El narcisismo hace referencia a un mito griego según el cual Narciso, un joven apuesto que rechazaba el amor de cuanta doncella se lo manifestara, se terminó enamorando de su propia imagen reflejada en una fuente. Sumido en una contemplación absorta, e incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas; se ahogó. Por eso, podríamos definir al narcisismo como una enfermedad de excesiva admiración por uno mismo. Esto es de hecho lo que demuestra Trump al declararse un genio, por ejemplo.

Sin embargo, hay varios mitos en torno al narcisismo que hay que dejar de lado. Vamos a enumerar tres de los más comunes:

El primer mito es que el narcisismo en realidad es una forma de autoestima muy elevada. Un narcisista de hecho tiene un gran nivel de autoestima. Sin embargo, hay una diferencia clave. El narcisista se cree un genio, que es más inteligente que el resto, o más importante, y hay del que lo contradiga. Sin embargo, no necesariamente se califica a sí mismo como más virtuoso, o con más compasión que los demás. Por el contrario, una persona con gran autoestima se ve a sí misma de una manera positiva, y se preocupa por los demás, lo cual el narcisista nunca hace.

El segundo mito, es que el narcisista tiene mucha inseguridad y una autoestima muy baja. Este es el mito al que aludíamos más arriba, y de hecho mucha gente piensa así. Según esta teoría, este anhelo por autoproclamarse como “genio” o atribuirse distintas cualidades es una pantalla para ocultar las dudas e inseguridades personales. Este mito tiene su origen en la teoría psicodinámica, según la cual el narcisismo es una defensa contra el vacío interior, contra una autoestima por el piso, y contra un sentido muy profundo de vergüenza interior. Los psicólogos lo llaman el “modelo máscara”, ya que la teoría sugiere que el narcisismo es una máscara para ocultar la baja estima de uno mismo. Ciertamente que es un argumento seductivo, lo que lleva a muchos a describir al narcisista como una persona de baja autoestima y con muchísima inseguridad interior. Así es como, por ejemplo, Inés Capdevilla describe a Trump. Lamentablemente muchísima información sobre el narcisismo está basada en la errónea idea de que el narcisismo es una manifestación de inseguridad y baja autoestima. Por el contrario, no hay evidencia de que el narcisismo está relacionado a la baja autoestima o la inseguridad personal, por el contrario, generalmente los narcisistas tienen un concepto demasiado elevado e irreal de sí mismos.

El tercer mito es la creencia de que el narcisismo es simplemente vanidad, especialmente en relación a la apariencia física. Ciertamente que la vanidad es una de las características negativas del narcisismo, tal como lo manifiesta la historia de Narciso; sin embargo, no es la única: también se deberían enumerar el materialismo, el capricho, la agresión, y el desinterés por una verdadera relación con el prójimo, especialmente en relación a las emociones de los demás.

He aquí que Trump no es el presidente más inseguro, pero tal vez si el más narcisista, víctima de la cultura contemporánea que anhela la fama, el dinero, y el poder.

 

Pablo M. Iturrieta

 

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