Tiempos de reflexión, balance y renovación

 

A pocos días de las “Fiestas”, se puede empezar a percibir en el ambiente un clima diferente, sumado a la vorágine del fin de año, las “fiestas” suelen provocar un revuelo de emociones y sentimientos que a veces es difícil de esclarecer.

Por un lado sentimos que son un buen momento de reunión familiar,  y más allá de la connotación religiosa que tienen, son una linda ocasión para pasarla bien junto a nuestros seres queridos. Pero por otro lado es inevitable que nos provoquen algunas emociones que preferiríamos no sentir. Y es que además de ser difícil pasar estos días cuando algún ser querido nos dejó durante el año, o cuando por diferentes problemas no podemos compartirlas con quienes quisiéramos, se suman algunas preocupaciones y angustias que se generan cuando hacemos el tan famoso “balance de fin de año”

Como seres humanos, la dimensión del tiempo nos organiza y es parte de nosotros. Que el calendario indique que se termina un año, impacta sobre nosotros y nos lleva a sentir la necesidad de “cerrar”, de poner fin a algunas cosas, o de “depositar” en el inicio del año próximo el comienzo de nuevas metas, o de nuevos sueños… Y es que aunque a veces el paso de  un año a otro es casi imperceptible desde lo externo, porque seguimos en el mismo lugar, haciendo las mismas cosas, rodeados de las mismas personas; en el interior de cada uno suele ser significativo y surge por esto  la necesidad de “evaluar  y evaluarnos”, de replantearnos lo que pasó y lo que  no durante este año.

Porque sí, aunque a veces no lo hacemos de forma muy explícita, es casi inevitable, que al llegar estas fechas, nos empecemos a plantear y preguntar qué hicimos durante el año? ; ¿cómo nos fue?; ¿qué tendríamos que haber hecho?... y demás. Y suele pasarnos que solemos poner el foco en eso que NO conseguimos, en lo que perdimos, en lo que nos faltó, olvidando u opacando todo eso que sí logramos, todo lo que sí tuvimos y nos acompañó durante el año. De esta manera no resulta un balance justo y objetivo, por lo que deberíamos proponernos que al hacerlo, no dejemos de lado esas “pequeñas cosas” que naturalizamos y no vemos como logros.

Y es que los balances podrían ser “sanos” y resultarnos efectivos para “reparar” si los hacemos de un modo menos autoexigente y más relajado. Teniendo en cuenta que en muchas ocasiones  si una meta no se alcanza, no es por falta de capacidad o dedicación, sino porque a veces las cosas salen y otras no, porque de eso se trata la vida. Porque tenemos mucha responsabilidad en nuestras manos, pero también muchos “improvistos” que no podemos manejar.

Entonces, cuando estos días que se acercan, empecemos a sentir un nudo en la garganta quizá o algunas sensaciones que no sabemos muy bien a qué se deben, intentemos pensar que todos los “finales y los comienzos” a veces producen esto, o porque asustan o porque los deseábamos o porque causan incertidumbre. Pero que está en nosotros regular esas emociones y sensaciones, intentando poner el foco en lo que causa placer, por ejemplo en lo que sí nos gusta de las fiestas en lugar de en eso que nos molesta. Desviar nuestros pensamientos a eso que pasó en el año que nos trajo alegrías en vez de quedarnos pensando sólo en eso que no fue…

Reencontrarnos con nosotros mismos  y renacer para el próximo año, tendría que ser una tarea que todos deberíamos hacer, ya que siempre resulta esperanzador, porque en los inicios, nacen nuevos sueños, se generan otros proyectos, que con trabajo y perseverancia seguramente alcanzaremos. Y si no se alcanzan, al menos nos quedamos con la inmensa satisfacción de haberlo intentando porque  eso es lo que importa, intentarlo, jugarse, arriesgarse también cuenta, jamás debemos olvidarlo.

Que todo lo que el 2.016 nos dio, bueno y no tan bueno, sea en el 2.017 el cimiento para que construyamos un año nuevo, con lo que aprendimos, con lo  sembramos y con lo que vamos cosechando. Que dejemos atrás lo que no nos suma y nos pesa y podamos seguir viaje con todo lo que realmente vale la pena.

Foto ilustrativa

Clara Llinás

28 años, Lic. en Psicología. Dentro del campo de la Psicología me desenvuelvo mayormente en lo que refiere a Discapacidad. Hace más 6 años trabajo con niñ@s con Trastornos del Espectro Autista, amo lo que hago y me formo constantemente para hacerlo con dedicación y responsabilidad. Encuentro en mi rol profesional muchas satisfacciones a diario, y hoy en día amo mi rol de tía, mi cable a tierra. “No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor”

 

 

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