¿Qué ves cuándo me ves?

 

No es novedad que en el último tiempo las redes sociales forman parte de nuestra vida. Día a día mostramos  o miramos algo en alguna de ellas: Facebook, Instragram, Twitter, WhatsApp y tantas otras que existen para que “nos comuniquemos”, y para que hagamos públicos nuestros pensamientos, sentimientos y momentos.

Y sumado a estas redes, que podemos manejar desde nuestras computadoras y nuestros celulares, por lo que nos acompañan permanentemente, están los reality show, que año a año resurgen para mostrarnos un nuevo grupo de personas que desean dar a conocerse en la “intimidad” de una convivencia, por ejemplo.

Justamente ese sería el punto… ¿que pasa con la intimidad?, qué buscamos cuando miramos “el perfil” o las “publicaciones” de otros?, ¿por qué y para qué necesitamos mostrar todo el tiempo lo que hacemos, pensamos, sentimos?

Algunos expertos, que estudian el fenómeno de las redes sociales, llaman a esto extimidad, algo así como hacer externa la intimidad, y que tiene su origen en el auge de los reality shows. Ellos mismos se preguntan,  ¿Qué está pasando para que la intimidad haya dejado de ser ese valor tan preciado de los siglos XIX y XX? Y afirman, que probablemente  “lo que ha sucedido es que ha cambiado la forma en que nos construimos como sujetos, la forma en que nos definimos. Lo introspectivo está debilitado. Cada vez nos definimos más a través de lo que podemos mostrar y que los otros ven. La intimidad es tan importante para definir lo que somos que hay que mostrarla. Eso confirma que existimos".( antropóloga argentina Paula Sibilia). Se sabe que la mirada del otro es fundamental en la constitución del yo. A lo largo de la vida, esas miradas se multiplican y van conformando la autoimagen y la autoestima. Hoy en día por las redes sociales, es esa mirada  la que se magnifica, no sólo por lo que yo publico, sino que  también por lo que publican de mí. Entonces mientras más publiquemos, más nos miran y de esa forma más retroalimentaciones positivas recibimos, por lo que mejor nos sentimos, y así se genera este “circulo vicioso” de querer seguir mostrando y viendo.

Entonces, tendríamos que pensar entre otras cosas, ¿realmente somos eso que mostramos? O  el hecho de estar frente a un dispositivo y no frente a los ojos de alguien en tiempo real, ¿nos permite “retocarnos” y premeditar lo que diremos  o mostraremos?.

Se sabe, que las redes sociales y los realitys, modifican nuestras emociones, quizá las exacerban o las “filtran”, pero las modifican al fin, porque no se siente de la misma manera cuando sentimos en soledad, a que cuando sentimos siendo observados por tantas personas. Y entonces sometemos esas emociones,  a variar ante la repercusión que causen a los demás. Porque si hacemos público lo que nos pasa, lo que estamos haciendo, es claramente para que tenga consecuencias, para que haya muchos “me gusta” y comentarios, y entonces solemos depender de eso para sentirnos queridos, “agradables” a los otros, mirados, exitosos… en fin, para sentir que existimos.  

Y ahí podría haber un problema, si no sabemos “equilibrarnos” y “usarlas bien”. Si empezamos a necesitar  sólo de esa  "retroalimentación” virtual y permanente para elevar nuestra autoestima. 

Nos encontramos en un momento de transición entre dos formas de entender la intimidad y es probable que una no sea mejor que la otra. No es mentira que a todos nos guste agradar, tampoco es malo que hoy estas redes sociales sean parte de nuestra vida. Quizá lo no tan bueno es que en lugar de conectarnos  y hacer “RED” nos “desconecten” de lo realmente importante  y de  las personas que son de carne y hueso.

Porque es lindo compartir momentos que quedan retratados en fotos, es lindo dar a conocer a muchos lo que pensamos o sentimos, pero más lindo es VIVIR esos momentos…SENTIR, y estar “CONECTADOS” pero no “en linea”…sino desde la piel, las palabras que se dicen, y desde el mirarnos a los ojos.

 

 

 

Clara Llinás

28 años, Lic. en Psicología. Dentro del campo de la Psicología me desenvuelvo mayormente en lo que refiere a Discapacidad. Hace más 6 años trabajo con niñ@s con Trastornos del Espectro Autista, amo lo que hago y me formo constantemente para hacerlo con dedicación y responsabilidad. Encuentro en mi rol profesional muchas satisfacciones a diario, y hoy en día amo mi rol de tía, mi cable a tierra. “No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor”

 

 

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