Liliana, se nos fue a las Tierras Fértiles

 

“cuando me lo contaron sentí el frío
De una hoja de acero en las entrañas…”
Gustavo Bécquer


Con un nudo en la garganta, con los ojos lleno de lágrimas, con las manos temblorosas intento
escribir, intento darle un sentido a este artículo, del cual jamás pensé que llegaría, jamás pensé
que tendría que escribir con el corazón trizado.
El día martes recibimos la noticia de la partida de Liliana Bodoc, hace poco viajó a Cuba, a la feria
del Libro, promocionando la literatura mendocina. Se veía feliz, tan alegre como de costumbre.
No logro armar oraciones en pasado, no logro conjugar los verbos como se debe, porque aun la
siento viva, dentro de mí, dentro de cada uno de sus lectores. Siempre intento que mis artículos
sean entretenidos, que puedan llamar la atención del lector, que me lean y compartan mis ideas,
pero este artículo es especial, tal vez noten la tristeza que coloco en cada palabra, en cada
oración, pero Liliana, Lili para los más íntimos, supo llegar a miles de adolescentes, a miles de
niños menores de diez años y por sobretodo, supo llegar a los adultos. Sus libros fueron tiempo de
dedicación, cada uno de ellos tienen historias, peor no solo de los personajes, sino de ella, su
autora, cada libro es un parte de Bodoc, cada libro la representa.
Con apenas cuarenta años publicó su primera saga, “La saga de los Confines” enmarcada en el
género de literatura fantástica, y desde entonces marcó un antes y un después en su vida. “EL
rastro de la Canela”, “El espejo africano”, “Amigos por el viento”, “El perro del peregrino” “Tiempo
de dragones” y la lista sigue, pero no todo se termina ahí, muchas de sus obras se leen en las
aulas, algunas frases tiñen los muros de diversas redes.
Recordar proviene del latín Re-cordis, volver a pasar por el corazón, así será, una y mil veces te
recordaré Liliana, recordaré tus conferencias, recordaré tu pasión por la búsqueda de la palabra
poética en cada uno de nosotros, recordaré aquella entrevista con Gonzalo y Mauro donde
hablamos de todo, de tu oráculo, de tus libros, de tus amigos. Recordaré tu cara cuando viste
aquella primera edición del libro “Los días del venado” aquel libro de tapa roja, y me dijiste
“atesóralo, como yo atesoraré este día” recordaré tu agradecimiento por la pequeña y extensa
entrevista, tomando una cerveza cual amigos de toda la vida que parecíamos.
En uno de mis primeros artículos hablé sobre los escritores que pasan a la inmortalidad, aquellos
que dejan su impronta en el legado de los libros, y así es, Liliana pasó a la inmortalidad junto a los
grandes, no cabe duda, logró poner significado a los dolores, a las carencias, a las palabras
hirientes, logró transformar la palabra racional en palabra poética.
Tu partida fue como el viento, arrasó y desordenó a todos, nuestras emociones quebraron en
llanto, buscando consuelo entre tus lectores, mensajes que iban y venían, imágenes, fotos, frases,
posteos en todas las redes, los diarios se empaparon de tu noticia, y un sinfín de lectores atónitos.

Tal vez, nos quedamos con Juanjo y sus cordones desatados, con las canciones de Guillo bajo la
higuera, nos quedamos con el baúl de los recuerdos de Vieja Kush, nos quedamos con Elisa y con
cada uno de tus personajes que nos regalaste para no extrañarte tanto.
Así fue el paso de Lili, así fue tú paso por esta tierra, marcando tu camino al andar con la palabra
transformadora, tu aliento de perseverancia y tu amor incondicional a la literatura y por todo
aquello que está en la tierra.
Estoy seguro que cuando cerraste tus ojos para descasar diste gracias por el día, por la semana
maravillosa que viviste en La Habana, con tantos lectores, tantos libros y mientras escribo estas
vagas líneas se me vino a la mente aquella entrevista que te hicimos con Mauro y te preguntamos
sobre cómo comenzarías Tu Libro, lo cual nos respondiste:
“Es difícil imaginar un inicio y un final de una historia que no conoce. Mi respuesta será
absolutamente simbólica. Yo comenzaría un libro hablando de abrazar a mis hijos, imagino la vida
e imagino la muerte. La única muerte que yo puedo tolerar es abrazando a mis hijos. Así que
comenzaría un libro hablando de: “aquí estoy, abrazando a mis hijos”. Y terminaría diciendo:

“amén”.

Pasé páginas de todos sus libros que tengo en mi biblioteca buscando un fragmento para poder
cerrar este articulo con sus palabras, pero cada vez que leía algo al alzar mis ojos brotaban en
lágrimas, y no podía terminar de leerlas. Pero fue allí, en aquel gran libro álbum que hizo con
Gonzalo, “El arte de los confines” donde leí su dedicatoria y quiero hacerlo eco, con ustedes, los
lectores de ella:

“los brujos de las Tierras cantan tu nombre en sus tambores”

Que así sea, que nos podamos unir con los brujos para poder cantar tu nombre y que sigas viva en
nuestros corazones.


¡¡¡Gracias Liliana, gracias!!!
A tu memoria.

 

Enrique Arriaza

Quique Arriaza

Tengo 24 años, todos me conocen como Quique. Estudiante de lengua y literatura. Profesor de lengua hace dos años. Me apasiona leer, colecciono la revista cultural Ñ, y si visito una librería debo salir con un libro. Los libros son una gran parte de mi vida ya que nací y crecí al lado de una biblioteca. Aún conservo mi primer libro de cuentos. Me preocupa saber que hay libros que no se han leído aún. Me gusta el cine independiente, la fotografía, la natación y apreciar los atardeceres. En relación con las redes sociales soy muy activo, siempre interactúo por esos medios. Me gusta viajar y conocer las culturas, siempre acompañado de música y claro, de libros. ¿Ya dije mi pasión por los libros?

 

 

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