Opinión: `Mendoza educada´ - Por Gabriela Gille

 

El debate del nuevo proyecto de Ley de Educación Provincial, fue aplazado para el próximo año. No obstante, el Congreso Pedagógico Mendoza 2020 sigue en pie, y aún hay resonancias de porqué parte de la comunidad educativa rechazó el debate del proyecto de Ley. De todo esto, y en el marco de la vuelta a clases presenciales de algunas escuelas de orientación técnica, opina para Ojos de Café, Gabriela Gille, docente en distintos niveles educativos. 


Mi nombre es Gabriela Gille. Soy Profesora de Arte en Teatro. Trabajo en distintos niveles de educación. En la actualidad soy docente de Nivel Superior. Este particular año ha llevado y traído información y desinformación de manera constante, poniendo en el ojo de la tormenta a las/os docentes, y a la educación en sí misma, atacando de manera permanente a un sistema que se sostiene por la voluntad de todos los que participamos del hecho educativo. He aquí un pequeño recorrido:

En las mesas de septiembre, ustedes saben que en San Rafael es tiempo de vientos, una estudiante no se conectaba para rendir. Había hecho consulta en la mañana con la profesora, así que en la mesa sabían que sí  se iba a presentar. Fueron pasando otras/os estudiantes a rendir, hasta que apareció corriendo por la calle mientras hablaba por el cel, pidiendo que la esperen, pues en su casa se había quedado sin internet y como vive en una finca, cerca de Villa Atuel,  estaba tratando de llegar a la bomba de nafta. Las/os profes le dijeron que se tranquilice, que la esperaban. Se conecta al rato, sentada en las mesas de afuera de la estación de servicio, con el camión descargando combustible detrás, y con el viento arremetiendo sobre sus hojas de estudio. Se sacó un diez (10). Se lo sacó, nadie le puso nada, se sacó un diez (10). ¿Eso es mérito? No. Esa es una injusta situación que tuvo que atravesar una estudiante que quería rendir, pues era su derecho. Y para lograrlo atravesó una serie de obstáculos desafortunados, que no debieron de existir.

Pues bien, cuando decimos que no es el momento para tratar un proyecto de Ley de Educación Provincial, nos referimos a miles de situaciones como esa, que muchas/os actores del sistema educativo, vivimos a diario: no existe acceso equitativo a recursos tecnológicos que nos permitan una participación masiva e igualitaria. Lo tecnológico como punto principal de partida para comenzar el análisis.

Luego viene de la mano de  ese acceso desigual, el trabajo diario que implica ejercer la docencia en este bendito 2020. El tiempo que nos lleva en la presencialidad armar una clase y posterior corrección de prácticos o evaluaciones, es el triple en la virtualidad, ya que mientras armamos y corregimos, tenemos miles de mensajes desde las 08:00 de la mañana  hasta horas impensadas de la noche, de estudiantes y colegas, con consultas de cómo hacer algo, o qué instrumento pueden usar para mejorar la propuesta, o , o, o…

Y por supuesto la situación que nos atraviesa a nivel mundial: la pandemia en sí misma y el impacto en la vida cotidiana. El desfasaje económico entre sueldos y costo de vida; la propagación de los contagios, cada vez más cerca de todas/os, con muertes muy sentidas; las soledades en el interior de cada hogar, que nos lleva a infinitas situaciones emocionales; las convivencias complejas, de las que aparecen otras tantas  situaciones de supervivencia; todo esto lo atravesamos adultas/os, adolescentes, niñas/os, adultas/os mayores, no hay ninguna franja etaria que escape a la situación actual. Por tanto la sociedad completa está involucrada en una situación que nos ocupa en una única dirección.

El recorrido planteado propone un análisis de por qué no es el momento. En la comunidad educativa coincidimos en que tampoco es la manera. Momento y manera inoportunos son un combo poco feliz que indefectiblemente molesta. Es como una urticaria, molesta y distrae de lo que sucede y no se detiene: la educación. Estamos todas/os sosteniendo el sistema, apoyando trayectorias estudiantiles, ocupándonos casi desde lo individual, con cada chica/o que deja de aparecer, que pretende abandonar, que nos llama y nos cuenta su desasosiego, pues no ven un futuro, y ahí, en ese punto, nos damos cuenta de que como adultas/os debemos transmitir calma a nuestras/os estudiantes, mostrar que sí hay un camino y que hay que seguir adelante. En todo esto estamos, en lo importante inmediato.

En medio de tanto tanto, llega el borrador. Y volvemos a preocuparnos, aparece ahí el temor de una Ley que no tiene claridades, y se posiciona en paradigmas que han quedado lejos, muy lejos. Se nos exige que nos actualicemos, y está bien, pero aparece un borrador que no acompaña lo que venimos haciendo. Una Ley de Educación Provincial no afecta a las/os docentes. Seamos claras/os. Afecta a la sociedad completa. Cada coma que allí esté mal puesta por el motivo que fuera, va a determinar que las niñas/os que vienen accedan o no a una educación pública, gratuita y laica, desde el nivel inicial, es decir jardín de infantes, hasta la educación superior, pasando por todas las modalidades que existen: educación especial, educación para jóvenes y adultos, escuelas vocacionales de arte, todas las posibilidades que enmarca y ofrece la educación pública. ¿Por qué digo esto? Porque no es claro el borrador del proyecto de Ley. Porque debemos poder leer tranquilas/os cada artículo, y de ser necesario, replantearlos completos aunque sea armar una propuesta desde cero, consultiva.  

¿Se necesita una Ley de Educación Provincial nueva? Sí, por supuesto, claro que sí. Construyamos esa Ley en colaborativo. Cuando todas/os podamos participar, sin depender del acceso a internet. Cuando estemos sin las preocupaciones de este 2020 que nos ocupa todas las horas del día y la noche.

 Pues bien, el tratamiento de la Ley se ha corrido para el 2021. Pareciera que el Gobierno Escolar nos da ese tiempo que planteamos se necesita para trabajar en consenso.  Digo pareciera pues el Congreso Pedagógico sigue en pie y se espera que hagamos aportes allí, en noviembre de este año. Tampoco tenemos allí claridades. Aportes sin debate es caer en un análisis vacío. Y una Ley debe tener un análisis a conciencia. Y eso reclama el área docente.

La incertidumbre es general, las indicaciones y contraindicaciones son permanentes, pues la situación varía día a día. Justamente por todo esto, por este breve relato de sólo algunas cosas, es que tampoco es el momento para un Congreso Pedagógico.

Por último, la disyuntiva de la vuelta a clases presenciales. Vuelvo a plantear lo mismo: las/os docentes hemos sostenido el sistema educativo. Todo el año hubo clases. Acá tampoco hay un análisis profundo de este retorno presencial, y el impacto que tiene. ¿Las clases deben ser presenciales? Sí, por supuesto. El trabajo entre pares, el vínculo con docentes y saberes, las habilidades sociales, y podemos seguir enumerando miles de cosas que se trabajan en la escuela, en esa escuela que en general es vapuleada con demasiada liviandad. No está en discusión si es necesaria la presencia. Está en discusión el momento. El virus con un alto grado de propagación, todas/os debemos conocer gente cercana contagiada. Por supuesto que habrá diversas miradas y opiniones al respecto, y eso está más que bien. Pero no debe el sistema educativo en momentos tan serios, ser peones de una partida de ajedrez que juegan otras/os. Volver a la presencialidad en este momento sería tirar el trabajo hecho durante todo el año, pues sí, no nos hemos mirado el ombligo cara al cielo (claramente decido no repetir la frase de un irrespetuoso), hemos trabajado y mucho, para que nadie corra riesgos. Entonces viene la cuestión de que hay pibas/es en la calle, que las/os madres y padres dejan salir a sus hijas/os, que los bares, las juntadas, etcétera, etcétera; pero hay aquí un pequeño detalle con la escuela: ¿quién será el responsable legal si algo le sucede a un/a estudiante o docente o cualquier actor institucional en esa vuelta no obligatoria? Insisto, ningún análisis debe ser tan liviano.

Vuelvo con la misma frase: La educación ha estado en las últimas décadas, en el ojo de la tormenta. Prefiero no utilizar la palabra lucha, sólo para correrme del lugar de la batalla, en la que indefectiblemente habrá heridos. Educar transforma. A todos los que participan de ese hecho social. Entonces prefiero hablar de transformación. Formar parte de una transformación educativa, que esté a la altura de una sociedad en puja, con avidez de aprender, con muchas ganas de crecer. Debemos aprender a dejar de quejarnos de nuestros jóvenes y ponerlos en valor. Debemos poder seguir abriendo caminos para que toda/o aquel que no pudo estudiar, lo haga, tenga la edad que tenga.

Es entonces que sé que si hablo de transformación hablo de una política educativa que construya,  desde la consulta a todo el sector sobre un proyecto de Ley, desde el cuidado de todas/os las/os involucradas/os en el hecho educativo, cuidado en todo sentido: respeto, salud, salario; para que al momento de trabajar en cualquier tipo de análisis podamos estar  todas/os, luego de este tiempo complejo, y desde el consenso se generen todas las mejoras que la educación de Mendoza necesite.

 

 

Por Gabriela Gille*

* Profesora de Arte; Docente de Nivel Superior; Rectora del Instituto Profesorado de Artes (IPA) San Rafael 

 

 

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